lunes 6 de julio de 2009

por fin



Me voy -Nos vamos- de vacaciones STOP
Vuelvo -Volvemos- en agosto STOP
Mucha calor, cuidaros STOP
Feliz verano a todos y cuidadme el chiringuito STOP

BESOS.

jueves 2 de julio de 2009

¿más sueños de astronautas?


Hace un tiempo, os dejé colgado un texto de los míos, y nadie contestó. Si comenzaste a leer este, léelo antes de seguir.

Gracias.

¿Ya? Sigamos.

Cuando alguno de mis hilos se queda sin contestaciones, me enojo. Lo hago porque ignoro el motivo por el cual se quedó sin respuesta, sin que a nadie le importara o que nadie tuviera nada que decir.

Me enfado porque sé que de alguna manera algo ha fallado en el texto que no ha conseguido llegar a donde yo quería y solamente encontró silencio.

Eso me jode. Podría decir otra cosa, pero esa es la única verdad.

Cuando nadie contestó en aquel, no me enojé.

No lo hice porque era consciente de que era una de esas cosas que sólo iba a entender yo.

De hecho hoy si lo has releído, o leído por primera vez, presupongo que tampoco lo habrás entendido –eso ya lo ponía en el curriculum, unos pocos elegidos :P –

Nani, tremenda proyectora de Sueños, ha cumplido el de su cuento.

Me he comprado una casa.

Espero que ahora lo entendáis.

miércoles 1 de julio de 2009

¿Qué quieres ser de mayor?

Coño con la preguntita. La famosa preguntita del millón por la que todos hemos pasado y la que respondíamos felizmente, astronauta. Y lo decíamos así, de modo tranquilo y convencidos, como si irse a la luna fuera lo mismo que ir a comprar naranjas, o al paro, que total.
Pues mira no, los años pasaron y por aquí, Armstrongs, pocos, y lunas, las justas, veintiocho días y andando.
Bueno, para ser realistas no todos queríamos ser astronautas, eso lo querían ser ellos, nosotras queríamos ser princesas, todas menos Lina Morgan que quería ser artista.
Y lo más cojonudo es que al final TODOS, vosotros y nosotras, acabamos siendo lo que Lina quería ser.
¿Os habéis dado cuenta del arte que hay que echarle a todo en este mundo?
Bueno, arte y morro, sino una mierda que te comes, pero no va por ahí.

Volvamos a la preguntita, ¿Qué quieres ser de mayor? Curiosamente yo aún no he decidido qué quiero ser de mayor, -de hecho aún no tengo claro si quiero ser mayor- lo que sí sé [porque ya me di cuenta] es que princesa no voy a ser, ni tampoco microbióloga, ni mucho menos Bat-woman; pero sé lo que NO quiero ser, aunque en este preciso momento no lo recuerde.
Así que tampoco voy a contar que es lo qué NO quiero ser cuando sea mayor.
¿Qué carajo voy a contar entonces?
Absolutamente nada. -como de costumbre-

Voy a hacer un repaso, lo más rápido posible que por norma me extiendo en demasía, sobre lo que sucede desde qué decides que vas a ser astronauta –o princesa- y acabas siendo tú –o yo-

Nadie nos toma en serio. La pregunta es una hija de puta que tiene doblete, básicamente porque se realiza por inercia, pero nosotros, los niños, la contestamos de modo formal, creyendo realmente que se nos ha preguntado algo que les interesaba saber.
Nada más lejos de la realidad. La pregunta era una costumbre que pasó de generación en generación como los Reyes Magos, y todos recordamos como acabó aquello de los Reyes Magos ¿no?

¿Qué sucede? Un día te das cuenta de que no sólo no vas a ser astronauta, si no de que además lo más parecido que vas a sentir como nave espacial tuya, es una que sale al final del planeta de los simios. Claro que puestos a elegir, mejor esa que no el Nostromo que viaja con pasajeros de más; a lo que iba, en el momento en el que te percatas de que se ha acabado aquello que nunca empezó, es cuando comienzas a plantear tú la preguntita.

¿Qué quieres ser de mayor?

Y a ti que coño te importa, es lo que deberían contestarnos los niños.

Los niños quieren ser astronautas –o princesas- y nosotros deberíamos comprarles los tornillos para que construyeran sus naves espaciales, y pintura plateada para que brillaran en el ocaso, equipárselas con una lanzadera y hacerles creer que realmente el traje, lo dejó Melchor.
La próxima vez que le preguntes a un niño qué cojones quiere ser de mayor, prepara un viaje a las estrellas y acompáñalo, sino, y como decía mi abuela, mejor, te metes la lengua en el culo.

[-Hablando con mi subconsciente-]

lunes 29 de junio de 2009

CV de andar por casa


No sé escribir, no he sabido nunca, solo que a veces plasmo en papel antes y en el PC ahora, lo que pienso, siento y creo. Incluso alguna vez me he aventurado a hacerlo con las cosas que percibo visualmente, aunque haya sido desde mi más ingrata perspectiva personal.

Tampoco sé leer y eso ya me jode más, porque existen conocimientos anexos que solamente podría adquirir frente a un buen libro, y soy incapaz de mantener mi concentración más allá de unos minutos sin que me asalten pensamientos dispersos y evidentemente, me disperse.

Lo curioso del tema es, que no sabiendo ni leer ni escribir, de vez en cuando y vaya usted a saber porqué, me quedan unos textos de lo más impecable; sin estudios y sin esas cosas que parecieran necesarias para pulir la escritura y las ideas, se desparrama la verbigracia, quedando pasajes, que si bien jamás pasaran a la posteridad, a mí me sirven para recordarme lo guapa, lo chula y lo pincha que soy.
Tócate los huevos Roque.

Una se va moviendo por el mundo y va viendo curriculums impresionantes de gente que se presenta a cosas –sin especificar- [concursos literarios básicamente] –se me ha escapado, perdón, no quería decirlo- con carreras de esas que has de leer dos veces para entender que pone y, que después de haber leído dos veces, no sabes que cojones has leído.
Y una entonces duda de qué debería poner en un supuesto CV, -si se diera el caso de tener que presentarlo- para que la tomara un poquito en serio el receptor del mismo, pero lamentablemente y sin exagerar, me quedaría tal que así:

Nace allá por el año 1971, en otoño y en casa pobre de tierras catalanas. Desde que aparecen sus primeras inquietudes literarias, ha demostrado una sutil facilidad para embrollar las frases más simples, consiguiendo de este modo la extraña comprensión de tan sólo unos pocos elegidos.
El hecho de haber ganado su primer concurso literario a la edad de once años y no haber pillado jamás un reintegro de la misma, la hizo crecer creyendo en la suerte aleatoria y la disciplina, convirtiéndose así, en poetisa autodidacta y creadora de versátiles textos.
Doctorada en billar, pumba y juegos de magia, no logró acabar sus estudios ni en bellas artes, ni en el instituto. Realizó sin embargo, un master sobre “hippie forever” en la universidad autónoma de “pon el dedo en la dirección qué quieras ir…” cursos de refuerzo tales como “…y sonríe” o “no se pide, se pasa, que rule” obteniendo las notas más altas de su promoción”

Somos lo que somos ¿verdad? Y el mundo está hecho para los valientes. Por eso tengo mi espacio ¿Por qué soy valiente? Porque soy quien soy.

Escribir nunca me dará de comer y sin embargo, ni dejaré de comer, ni renunciaré a escribir.

Escribiré todo aquello que me tenga a bien contarte, a ti, que no te importa que no sepa leer o que no sepa escribir, que viniste aquí a pasar el rato conmigo, o, que dejaste un comentario; amén de que porque me gusta y de porque quiero hacerlo.

Pero a veces, -solo a veces- me gustaría tener ese curriculum, -adosado al que ya tengo- con esas carreras que debes leer dos veces para entender que pone y, que después de haber leído dos veces, no sabes que cojones has leído.

Pero sólo para qué quede claro que además de lo guapa, lo chula y lo pincha que soy, alguien creyó una vez, que además, sabía leer y escribir, y no sólo eso, sino que también lo plantó por escrito para que yo lo colgara en la pared de mi despacho y no tuviera que teclear desde el cuarto de los niños.





jueves 25 de junio de 2009

A la mierda con el faisvok.


Querida red social de nombre facibuke, harta me tienen la ili, la xana, la otra, el otro y el de la moto de alta cilindrada, -que me han dicho que también está- con el métete en fazboc k ya tamos tos.

Vamos a ver, y que te quede clarito, jodida red social, me importan tres pimientos que hayas abducido a la gran mayoría de mis colegas, tu sabrás que les das, sea lo que sea, a mí no me convence.

Tengo móvil, niños y perro, ¿crees que me quedan ganas de huronear en los nombres de nadie? A mi me gusta más hablar con ellos. Coño, no me jodas, va a ser lo mismo.

Vente que faltas tú.

A tantas cosas he faltado en esta vida que te puedo asegurar que no pertenecer y engrosar tus listas de ficiesci, me da exactamente lo mismo.

Te pediría disculpas por no sentirme atraída por tu encanto, pero lo que me vas a disculpar, es que no lo haga.

Cómo no sé como debo dirigirme a ti, o que trato habría de darte, -Doña Red, Estimada Gilipollez, Señora de Faze- he convenido que hacerlo a modo de telegrama y sin concretar tu estado, sea, quizá, la mejor opción.

Y si no te gusta, no hace tampoco falta que me lo comuniques.

Silencio administrativo, por favor.

Te agradecería también que dejes de manipular los correos de mis amigos y me envíes de manera cíclica, supuestas invitaciones por su parte. No hables por ellos, por favor, que queda espantoso para la imagen de uno. De la tuya concretamente.

De la de ellos no, esa ya se encargan ellos solos de jodérsela, en tu casa, a tu lado o contigo.

No me interesa demasiado saber el color de las bragas de aquella, ni lo que hizo el domingo la otra, con el otro, ni donde, ni ver las fotos de la playa de un amigo que no conozco, ni me incumbe como se llama la novia del hermano del panadero ni si amera la harina del pan; para cualquier otra información me remito a Google y que me desvíe él a Wikipedia.

Lo que hacíamos todos antes, entre el lapsus de la evolución informática y el límite de la estupidez humana.

Me han contado que no estás sola, que existen redes tan grandes como tú, el tantitingotuntituenti…tin -¿se escribe así?- puede que hasta más grandes aún, yo, lamento informarte de que mi PECESE, no es tan grande como para alojaros a todos los integrantes de vuestra cofradía.

La del Rocío ya me viene un tanto justa, con caballos y carretas, un par de documentos Word en carpeta, alguna foto del verano pasado, un Excel rudimentario, el solitario spider y algún troyano que otro, tengo suficiente.

Querido facieso, tú serás el invento del siglo, y yo, una carca asquerosa, pero déjame pudrirme en mi tranquila morada, quedar de propio con la gente, verles las caras en directo, darles un beso con ruido y babas, ser la que dispara la foto o la que está dentro de ella, invitarles a una cerveza o echarles el humo en la cara.

Déjame ser la persona que era antes de que tú nacieras, la que era ayer, la que quiero ser mañana.

Los tiempos están cambiando.

Sí, pero la verdad no tiene más que un camino y te pido cortésmente que dejes de tocarme los cojones, tú, la ili, la xana, el de la moto…

A cambio yo prometo aprender a escribir correctamente tu nombre, mi estimada facebook de todos los Santos y la Virgen del Puntapié.


martes 23 de junio de 2009

un minuto de silencio


Hoy quiero hacer un pequeño inciso en mi blog.

Sin filosofía, sin chiste, sin cinismo y sin palabras soeces.

Será un instante solamente, un minuto de silencio.

Ayer al mediodía se prendió fuego en la zona donde vivo. No sé, a unos ocho o diez kilómetros en línea recta. Una columna de humo, negro, muy negro, se veía desde muy lejos. Mi casa está frente al bosque, y rodeada de campos de cultivo que esperan en estas fechas la siega.

Hace unos años, viviendo en una población parecida, vimos como el fuego arrasaba más de cien hectáreas en poco más de una hora.

Sin poder hacer nada.

El viento soplaba fuerte y cálido, el sol achicharraba, era Julio del 2002.

Nuestras casas se escaparon porque la suerte quiso que el viento cambiara a última hora y se quedara a dos metros de la entrada del pueblo.

En el último instante.

Ayer, la angustia se reconocía entre mis palabras mientras contemplaba el devenir del humo. Frente la ventana observando, e intentando asegurarme de que los servicios de emergencia lo controlaban.

Era la hora de comer, y le iba dando cucharadas al niño entre viaje y viaje a la ventana.

Fue entonces cuando oí el helicóptero.

Ahora, dije, ahora vamos bien.

Lo sofocaron en una hora eterna desde la ventana.

Durante toda la tarde los retenes se oían sobrevolarnos.

Salimos de compras, todo se había normalizado.

Durante la cena, en la CNN, leíamos la noticia:

Un helicóptero que ha participado hoy en un incendio en el Vallés, ha caído cuando iba a repostar agua en una zona cercana a Mollet. Sus dos ocupantes han muerto.

Murieron realizando su trabajo, sofocando incendios y protegiendo a la población civil, salvando por extensión, vidas. En este caso y entre otras, la mía y la de mi familia.

Un minuto de silencio, por favor, a estos se los debo yo, quizá mañana seas tú el deudor involuntario de tu vida o parte de la noticia sin esperarlo.

Gracias.

lunes 22 de junio de 2009

mi perro huele a perro


Además, a perro viejo, -mal, para que nos entendamos- que ya podría oler a Channel número 5, -que no sé ni como huele, pero debe oler bien- los pobres sólo sabemos como huele el perro y el Pachuli.

El Pachuli no es la colonia hippie que imaginas, el Pachuli es un colega mío que huele como el perro.

Mi perro es como los políticos.

Esta noche se ha escapado y ha estado haciendo el imbécil por el barrio. Y sin complejos. Viva España.

Come porque lo mantengo.

Vive porque lo elegí entre otros.

Y me toma el pelo todo lo que le da la gana.

No sabe ni leer ni escribir y no le preocupa. Es más, creo que ni lo sabe. Y si lo sabe, lo ignora.

Si lo sacas de su área se caga las patas abajo. Pero marca el territorio.

No se entiende con los demás perros. Pero no deja de ladrar el muy cabrón.

Si rompe SU caseta, lo mismo le da porque la pagué YO.

Es un perro clásico.

Un hijo de perra, de perro desconocido.

Y huele a perro.

No ando muy contenta últimamente con mi perro, cambiarle el collar no ha dado resultado. Sigue rodeado de parásitos que no hacen más que suponerme otro desembolso.

Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, pero eso lo dijo uno que no tenía perro y además, no era ácrata.

Cuando ladra, te sobresalta porque crees que pasa algo y cuando lleva mucho rato callado, te acojonas porque no sabes qué ha pasado, si está pasando, o si pasará.

En todo caso… Qué, Cuando y Cómo.

Lo del Quien y el Donde, se lo dejas a la perra.

Y la perra, que parece que no está, también huele a perro.

Cuando mi madre me pregunta porqué tengo dos perros tan grandes, tan caros de mantener y tan bregueros, no le contesto, -no lo entendería- pero estos, por lo menos, están atados.

Aunque huelan a Pachuli.

miércoles 17 de junio de 2009

de viaje


Nunca he estado en Perú, ni en Cuba y sé que no estaré jamás, -pero tampoco me quita el sueño- hoy sin embargó, Palmira, desde sus recuerdos de juventud me llevó de la mano a pasear con el Che, y ya que estábamos por la zona me adornó el viaje con máscaras de cobre y símiles de iglesia incrustadas de latón. Recuerdos de sus viajes y de los años vividos en Sudamérica.

No he podido imaginar ni por un instante las calles, ni el ambiente, ni tan si quiera las gentes que la acompañaban en aquellos años en estos países, era como superior a mí, como si mi realidad y sus recuerdos, tan lejanos en el tiempo y en el espacio, chocaran frontalmente.

Sin embargo en sus ojos permanecían latentes todos los momentos y todos los sueños, esperando un segundo, un solo segundo donde traerlos al futuro.

Un futuro donde estábamos las dos, en el hoy, hablando y recordando ella, escuchando y preguntando yo. Un futuro encerrado en una habitación llena de estampas de otros países y de otros años, con fotos en blanco y negro de aquellas con los filos ribeteados, retratando infantes que ya están muertos.

Luego volvimos a la realidad, colguemos en la pared los recuerdos después de pasarles un trapo y yo me volví a mi casa.

Y al mirar mis cosas he pensado que algún día, serán solo mis recuerdos, y que tal vez entonces, le explique a alguien que aún no ha nacido, porque motivo fui allí, qué estaba haciendo aquel día y porque me llevé media vida dando vueltas de un lado para otro.

Y se me ha clavado una astilla en el alma.

domingo 14 de junio de 2009

simbiosis


Hace unas semanas, tras un pequeño incidente con un Toyota célica, (blanco) comencé a contaros, a modo de carta en la estafeta, lo que había sucedido en la autopista de Girona de regreso a casa; lo comencé y no lo acabé –vida de una madre estresada al cuadrado- pero rezaba tal que así:

Querido conductor del Toyota Celica blanco, sé que tu coche es bonito, rápido, estupendo, deportivo, que lo tienes impoluto y que posiblemente sea de segunda mano,-te jodes- por eso yo te agradecería, desde mi humildad, que fueras consciente de lo mucho que me toca los cojones que pegues tus maravillosos morros en el culo de mi berlina plateada, no tan rápida, ni tan bonita, menos estupenda, mucho más sucia, esa que no lleva chándal y que vino desde Corea hasta España como Marco, en barco, desde los Apeninos a los Andes, para que yo le hiciera todos esos bollos,- únicos e intransferibles- contra los containers, columnas o farolas, según se tercie en el día o en el momento.

Ni sé,- ni me importa- cuantos caballos lleva tu buga, me la trae al pairo con que par motor juegas, ni que decir tiene que me lo trae flojo con qué tipo de neumático lo calzas, y, que me río yo de la velocidad que te alcance si pisas a fondo en la autopista.

Qué sea la última vez que me haces luces para adelantarme cuando voy a ciento treinta por un tramo que marca cien, que te pegas a mi culo diciéndome que me aparte porque mi ranchera no chuta, por que como habrás podido comprobar, mi cacharro móvil, puede puntear ciento sesenta, y ponerse a ciento ochenta, sin marcarlo, si le piso.

La cosa como decía, quedó ahí, olvidada en alguna carpeta de mi PC, porque las prisas y urgencias domesticas de aquel día y los posteriores, así lo quisieron, lo que quería contaros en aquel momento fue lo mucho que me tocó los cojones que el coche fuera mejor que el mío y el conductor más imbécil que yo, que me mojara los cristales adrede, me adelantara vacilándome, e intentara escaparse.

Que le costó. Juas.

Le costó dicho sea de paso, porque la jodida autopista de Girona, un domingo por la tarde, va hasta el culo, y como no podía adelantar, allí iba yo, pegadita a su culo, más chula que un ocho y con el orgullo pisoteado intentando que no se notara demasiado por si mi berlina se ofendía.

Que se ofendió: me va a tocar hacerle un equilibrado, -por chula, por inconsciente y por estúpida, yo, no la berlina- ajustarle los plomos y repasar los neumáticos.

Bien, cómo además de chula, inconsciente y estúpida, soy, y eso dice quien me conoce, poquito rencorosa –léase con sorna y mucha- y no puedo soportar que me adelanten, ni los BMW, ni los Mercedes, ni los Audi, ni cualquier motor que por evidencia resulte ocho veces superior al mío –deduzco que me vacilan, de los SEAT entiendo que llevan prisa, corporativismo obrero- pues en un detalle inconsciente y peligroso, mentalmente clasifico el modelo y la matrícula y me la guardo en la memoria.

Peazo animal que soy, sí.

Eso le pasó al del Toyota.

Que su coche pasó a estar en la clasificación de “ya te pillaré”.

“Ya te pillaré” para un Toyota, (blanco) en mi calidad de dueña de coche más bien flojo de motor, significa muchas cosas, sobre todo si he de pillarlo con él.

Yo le hablo a mi ranchera, venga guapa, que tú puedes le digo cuando subimos el Coll del Bruc, y ella sube, a noventa, mientras medio país nos adelanta por la izquierda a ciento treinta y el otro medio a ciento diez por el carril lento de la derecha.

Pero ella sube, orgullosa, y yo sonrío, y aprovecho para regañar a los niños, abrir el bocata, cambiar el CD, peinarme, mudarme de ropa, pintarme las uñas…

Como hace mucho que ella y yo nos conocemos y ambas dos estamos al tanto de nuestras carencias, defectos, virtudes y manías, sabemos que un Toyota (de cualquier color) nos viene grande, y procuramos no hacer demasiado el ridículo si por una de aquellas cosas nos cruzamos con él.

Pero ay amigo, arrieritos somos y en el camino nos encontraremos, y eso tiene la autopista de Girona los domingos, que ese memo del Toyota y yo, parece ser compartimos recorrido, yo volviendo de casa de mi madre, y él, vete a saber de donde, pero allí que se planta a la misma hora que yo.

Y allí que le da por adelantarme –vacilándome por segunda vez-

Y a mí que me da por ofenderme –susceptible que soy si lo tengo clasificado-

Y mi cacharro móvil que ruge –o eso me gusta pensar a mí-

Esta última vez, la suerte estuvo de nuestra parte – por eso de que no es para quien la busca- y aunque le pisó a fondo mientras nos adelantaba a toda leche por la derecha ante mi negativa de salirme del carril izquierdo –lo de la estupidez y la cabezonería- andábamos llegando a la salida de la C17, casualmente la que yo iba a coger ese día, y, más casualmente aún, la que el Toyota cogió también. –presupongo que siempre la coge, pero como siempre se nos escapa…-

C17 a toda leche tras el puto buga, frena que hay radar, cambia de carril que se escapa, ponte al lado y sácale la lengua niña, ¿tiene cara de pijo? no, espera que hay retención a la derecha, vuelve a la izquierda, coño, no corras cuesta arriba que esto parece el Bruc, eso, compañero obrero, métete en medio y no lo dejes pasar que yo ya voy llegando…

¿Dónde está?

Tranqui, detrás de la curva.

No lo veo, mama.

Hay un cambio rasante, tranqui.

Pues no lo veo.

Pues lo que está claro es que no se ha teletrasportado, por ahí delante está.

Joder.

Mierda.

AHÍ!!!!!

Ya lo tenemos!!!

A partir de aquí, la persecución se realizó cambiando el recorrido previsto –lo que ya era demasiado era esperar que llevara la misma ruta que nosotras- pero aprovechando que se desvió por una zona de rotondas, con baches, y entrada a los polígonos, -las tordas se pillan cuando pasan- nos plantamos detrás del jodido Toyota, ni que decir tiene que acabamos pareciendo poligoneros, ¿eso que es lo que es? Le pregunté a la niña: los que hacen carreras de coches, los domingos, en los polígonos. Muy propio sí, dije yo. Vale, pulpo como animal de compañía.

El muy imbécil se equivocó de trayecto, dio trescientas vueltas en el Congost, dirección Granollers, para acabar saliendo por donde no era, lo perdimos treinta tres veces y girábamos en una dirección u otra por olfato, y volvíamos a pillarlo, se ha coscado, decía la niña, llama a tu abuela y dile que ya estamos en casa, vale, ¿por allí? Venga.

Cuando nos cansamos de hacer el gilipollas por el polígono persiguiendo un Toyota (blanco, impecable e impoluto) nos volvimos a casa, cogiendo los baches a treinta como indica la señal y no a cincuenta dándonos con el techo en todos y cada uno de ellos.

La niña aún se ríe, y me dice estás colgá, mi marido me mira raro mientras sube una ceja y me pide que se lo cuente otra vez porque se ha perdido, mi madre aún no lo sabe, tampoco se lo voy a contar, una madre, siempre es una madre y hay cosas que es preferible que ignoren, y el tío de Toyota, si es cierto que se coscó, se debe andar preguntando como puede haber tanto imbécil suelto.

Pero yo bajo a la calle con las llaves de mi buga en la mano, la cerradura tontea y no abre a la primera, entro, me siento, me pongo el cinturón, arranco, y digo hola guapa ¿nos vamos? Subo el volumen de la radio, enciendo un cigarrillo, piso el freno, quito el de mano, embrago y pongo primera…

Y me voy.

Nos vamos.

jueves 11 de junio de 2009

Blancanieves y los siete enanitos.


¿Tengo yo pinta de ser Blancanieves? Veamos, no vivo en un bosque encantado, no tengo espejito mágico ni madrastra puñetera, tengo suegra que no es lo mismo aunque se le parezca, los cazadores que conozco, le pegan tiros a los conejos en el monte, no en el bosque y no se dedican a arrancar corazones de jabalíes para meterlos en cofres como prueba de nada, no me meto en casa de nadie si no me abren la puerta, desde luego no le ando pegando mordiscos a las manzanas que me ofrecen desde una ventana cuando vivo de okupa y, por supuestísimo, no va a venir ningún príncipe en un brioso corcel, a romper el encantamiento.

¿Tengo yo pinta de estar encantada?

Debo tener pinta de estar cabreada.

La culpa no la tienen las manzanas, ni la suegra que ya es raro, tampoco el espejo, aunque el mío no diga que la Ana es la más bella, sino, joder tía, vaya culo se te está poniendo, tampoco el cazador al que hace tiempo que no veo, ni el príncipe que va por el mundo en un coche granate, siempre sucio, la culpa, es del enano.

Me faltan seis.

Como me faltan seis, este cuento en lugar de llamarse Blancanieves y los siete enanitos, a partir de ahora se va a llamar, Ana y el enano del Carrefour.

O Ana y el cajero enano de Carrefour.

¿Puedo llamarlo enano? ¿Puedo? ¿Puedo? ¿Nadie va a tacharme de hijaputa? No me lo creo.

Hace unos meses apareció por allí; algún convenio laboral con incentivos para el empresario y la conciencia mal avenida de algún otro, propiciaron que le dieran el puesto. A mí me parece perfecto y maravilloso que esta PERSONA tenga derecho a un trabajo digno y tan bien remunerado -como pueda ser la mierda salario de un cajero, un camarero, o infinidad de “eros” que puedas encontrarte en esta crisis de pena país- lo que ya no me cuadra tanto es que me pongan cara al público, para atender, a una PERSONA, que tiene serias dificultades para realizar el trabajo que se presupone, ha de cometer.

Yo, -quien dice yo, dice quien sea, en este caso yo, que vi al enano primero por difícil que parezca.- llego a la caja, para empezar, y que diox santo me perdone por haberlo hecho tan pequeño, pero si no hay gente en la cola, la puta caja parece que está cerrada, porque desde unos metros más atrás y con la de cosas que ponen en la salida, al pobre, NO SE LE VE. Así que adivina si la caja está abierta o cerrada.

Vamos que ni diox pasa por la cola, a no ser que se ponga a hacer señas y dar saltitos para indicar que está allí.

¿Esto le parece digno al empresario?

Apaga y vámonos.

Para continuar, cuando aquí la menda planta en la cinta de la caja, un saco de pienso para los perros, de veinte kilos, que hace el doble de bulto que él, y que no sabe por donde coger para que el jodido código de barras pase correctamente por la célula, con las prisas que yo tengo, y el de detrás de mí, y el otro, y el de más allí… y dale que te pego que por donde agarro el saco.

Las cajas de pañales, así grandotas, sin asideras, que le vienen a la altura de la cara y que debe girar varias veces para acertar –prueba a hacerlo tú pegando tus brazos al cuerpo y a la altura que te indico, verás que tal te va, pues así le va a él-

Y como esas varias más podría contarte.

Resulta que mi enano particular en el cuento este, para más INRI, es un imbécil consumado, que me mira el escote, -que debe ser lo primero que ve, porque desde la tarima, le viene a la altura- y que me tiene hasta los mismísimos de que con la docena de huevos tampoco acierte a pasar el puto código, porque anda mirando a otro lado como Zapatero.

Qué no me interesa tampoco que me cuente su vida, que bastante tengo con la mía, y yo, como todos, lo que quiero es pagar e irme, que tengo prisa coño.

Pues bien, el enano, moreno y barrigón –lo digo así, porque si hubiera dicho el cajero moreno y barrigón, no hubiera pasado nada- me crispa.

Pero resulta que no puedo decirlo.

Mierda cultura judeo cristiana esta, cargada de mierda y de prejuicios contra los prejuicios y las verdades que se caen por su propio peso.

No puedo llamarlo enano, o sí, a riesgo de que más de uno se me tire al cuello.

No puedo ir a poner una queja, o sí, con el peligro de que se me tache de nanofóbica. – por cierto, esa palabra no existe, de hecho, no existe ninguna palabra que indique aversión o fobia en tal caso, supuestamente debe ser ofensivo- en todo caso yo no la conozco.

Veamos, a mi me da lo mismo que el cajero o la cajera de Carrefour, sea enano, esté borracho o ciego petas, el flequillo le tape los ojos y no vea, o le dé por bailar samba cada vez que suena un móvil, yo, cuando me pongo en la cola, quiero que me pasen la compra y me la cobren, y quiero que sea lo más rápido posible, que precisamente por eso me voy al super, para acabar deprisita, aparcar una sola vez, hacer una única cola y aprovechar la mañana, y si el responsable de que yo me demore en mi vuelta a casa es un cajero que no hace lo que debe, independientemente del motivo, me cabreo.

Pero jódete y baila, no puedo ir a presentar una queja sin remover la conciencia de alguno y que me la líe.

Parece sencillo ¿verdad? Me acerco a atención al cliente y les comento que el señor tal y pascual no agiliza el trabajo.

Para empezar el señor tal y pascual no lleva tarjeta identificativa, así que si me dirijo a la mesa, es para entrar diciendo: el enano no puede mover los sacos. ¿Cómo lo ves?

Mal empezamos la frase.

Para continuar me dirán que si llevo artículos grandes, me ponga en la cola de otra caja, a lo que yo, que me conozco, me rebotaré, y les diré que entonces igual que tienen “cajas prioritarias” y “cajas máximo 15 artículos” pongan otra que rece “caja minimalista”. Tócate los huevos.

Mal vamos a continuar la discusión, veo yo.

Pero lo que más me jode, es que a mí la estatura del enano me da exactamente igual. A mí lo que no me da igual es que me hagan perder el tiempo o pierdan los ojos entre mis tetas.

Se lo comentaba ayer a mi marido y le dije: ¿sabes que es lo peor? Que si me quejo públicamente de que el enano me miraba las tetas, no faltará quien me diga que eso, mi ego ofendido, es porque me las miraba un enano, que si el vistazo a mi escote –dejaron de ser tetas- lo hubiese echado un fornido mozo de uno noventa, sin pelo en el pecho, moreno de piel, y barbilampiño, lejos de sentirme molesta, me hubiera crecido yo sola por tal suceso.

Y mira sí.

En eso llevarían razón.

Pero eso no tiene nada que ver con el enano, también me molestaría que lo hiciera cualquier persona por la que yo sienta un especial deseo sexual.

Ya puede ser un enano, una tía, un cura, un aborigen, un político, o un mono.

Así qué entre que ando perdiendo el tiempo en la cola, la incomodidad de tener a un tío delante mirándote el canalillo, intentando ser educada con una mala leche que se me desparrama por las orejas, y, no sabiendo como ir a presentar una queja sin que nadie salga herido, me disperso. Y entre dispersión y dispersión me he venido a mi blog a cagarme en la madre que parió al sistema, en la religión judeo cristiana, en la mierda de prejuicios, y como no, en los gnomos del bosque.

¿Tengo yo pinta de ser Blancanieves?

Lo que yo pensaba.

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