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Por cierto, todas las imágenes, exceptuando mi careto que es el que mi madre me dio en su día, han sido sustraídas y robadas del mundo virtual de modo legal, por lo menos eso es lo que afirmaré delante del juez.
Es broma.
Si alguna de ellas tuviera copy raid y casualmente eres el propietario de tal derecho y de la imagen, por ahí abajo está mi correo, me lo dices, te la devuelvo, y tan amigos.

Por otro lado, todos los textos de este blog son míos, si apareciera la pluma de otro, lo haría con su firma. Siempre.
Si te llevas alguno, cita y enlaza, no me importa que compartas, pero que yo no me entere de que te lo has apropiado.
Internet es un pañuelo.


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14 junio 2009

simbiosis


Hace unas semanas, tras un pequeño incidente con un Toyota célica, (blanco) comencé a contaros, a modo de carta en la estafeta, lo que había sucedido en la autopista de Girona de regreso a casa; lo comencé y no lo acabé –vida de una madre estresada al cuadrado- pero rezaba tal que así:

Querido conductor del Toyota Celica blanco, sé que tu coche es bonito, rápido, estupendo, deportivo, que lo tienes impoluto y que posiblemente sea de segunda mano,-te jodes- por eso yo te agradecería, desde mi humildad, que fueras consciente de lo mucho que me toca los cojones que pegues tus maravillosos morros en el culo de mi berlina plateada, no tan rápida, ni tan bonita, menos estupenda, mucho más sucia, esa que no lleva chándal y que vino desde Corea hasta España como Marco, en barco, desde los Apeninos a los Andes, para que yo le hiciera todos esos bollos,- únicos e intransferibles- contra los containers, columnas o farolas, según se tercie en el día o en el momento.

Ni sé,- ni me importa- cuantos caballos lleva tu buga, me la trae al pairo con que par motor juegas, ni que decir tiene que me lo trae flojo con qué tipo de neumático lo calzas, y, que me río yo de la velocidad que te alcance si pisas a fondo en la autopista.

Qué sea la última vez que me haces luces para adelantarme cuando voy a ciento treinta por un tramo que marca cien, que te pegas a mi culo diciéndome que me aparte porque mi ranchera no chuta, por que como habrás podido comprobar, mi cacharro móvil, puede puntear ciento sesenta, y ponerse a ciento ochenta, sin marcarlo, si le piso.

La cosa como decía, quedó ahí, olvidada en alguna carpeta de mi PC, porque las prisas y urgencias domesticas de aquel día y los posteriores, así lo quisieron, lo que quería contaros en aquel momento fue lo mucho que me tocó los cojones que el coche fuera mejor que el mío y el conductor más imbécil que yo, que me mojara los cristales adrede, me adelantara vacilándome, e intentara escaparse.

Que le costó. Juas.

Le costó dicho sea de paso, porque la jodida autopista de Girona, un domingo por la tarde, va hasta el culo, y como no podía adelantar, allí iba yo, pegadita a su culo, más chula que un ocho y con el orgullo pisoteado intentando que no se notara demasiado por si mi berlina se ofendía.

Que se ofendió: me va a tocar hacerle un equilibrado, -por chula, por inconsciente y por estúpida, yo, no la berlina- ajustarle los plomos y repasar los neumáticos.

Bien, cómo además de chula, inconsciente y estúpida, soy, y eso dice quien me conoce, poquito rencorosa –léase con sorna y mucha- y no puedo soportar que me adelanten, ni los BMW, ni los Mercedes, ni los Audi, ni cualquier motor que por evidencia resulte ocho veces superior al mío –deduzco que me vacilan, de los SEAT entiendo que llevan prisa, corporativismo obrero- pues en un detalle inconsciente y peligroso, mentalmente clasifico el modelo y la matrícula y me la guardo en la memoria.

Peazo animal que soy, sí.

Eso le pasó al del Toyota.

Que su coche pasó a estar en la clasificación de “ya te pillaré”.

“Ya te pillaré” para un Toyota, (blanco) en mi calidad de dueña de coche más bien flojo de motor, significa muchas cosas, sobre todo si he de pillarlo con él.

Yo le hablo a mi ranchera, venga guapa, que tú puedes le digo cuando subimos el Coll del Bruc, y ella sube, a noventa, mientras medio país nos adelanta por la izquierda a ciento treinta y el otro medio a ciento diez por el carril lento de la derecha.

Pero ella sube, orgullosa, y yo sonrío, y aprovecho para regañar a los niños, abrir el bocata, cambiar el CD, peinarme, mudarme de ropa, pintarme las uñas…

Como hace mucho que ella y yo nos conocemos y ambas dos estamos al tanto de nuestras carencias, defectos, virtudes y manías, sabemos que un Toyota (de cualquier color) nos viene grande, y procuramos no hacer demasiado el ridículo si por una de aquellas cosas nos cruzamos con él.

Pero ay amigo, arrieritos somos y en el camino nos encontraremos, y eso tiene la autopista de Girona los domingos, que ese memo del Toyota y yo, parece ser compartimos recorrido, yo volviendo de casa de mi madre, y él, vete a saber de donde, pero allí que se planta a la misma hora que yo.

Y allí que le da por adelantarme –vacilándome por segunda vez-

Y a mí que me da por ofenderme –susceptible que soy si lo tengo clasificado-

Y mi cacharro móvil que ruge –o eso me gusta pensar a mí-

Esta última vez, la suerte estuvo de nuestra parte – por eso de que no es para quien la busca- y aunque le pisó a fondo mientras nos adelantaba a toda leche por la derecha ante mi negativa de salirme del carril izquierdo –lo de la estupidez y la cabezonería- andábamos llegando a la salida de la C17, casualmente la que yo iba a coger ese día, y, más casualmente aún, la que el Toyota cogió también. –presupongo que siempre la coge, pero como siempre se nos escapa…-

C17 a toda leche tras el puto buga, frena que hay radar, cambia de carril que se escapa, ponte al lado y sácale la lengua niña, ¿tiene cara de pijo? no, espera que hay retención a la derecha, vuelve a la izquierda, coño, no corras cuesta arriba que esto parece el Bruc, eso, compañero obrero, métete en medio y no lo dejes pasar que yo ya voy llegando…

¿Dónde está?

Tranqui, detrás de la curva.

No lo veo, mama.

Hay un cambio rasante, tranqui.

Pues no lo veo.

Pues lo que está claro es que no se ha teletrasportado, por ahí delante está.

Joder.

Mierda.

AHÍ!!!!!

Ya lo tenemos!!!

A partir de aquí, la persecución se realizó cambiando el recorrido previsto –lo que ya era demasiado era esperar que llevara la misma ruta que nosotras- pero aprovechando que se desvió por una zona de rotondas, con baches, y entrada a los polígonos, -las tordas se pillan cuando pasan- nos plantamos detrás del jodido Toyota, ni que decir tiene que acabamos pareciendo poligoneros, ¿eso que es lo que es? Le pregunté a la niña: los que hacen carreras de coches, los domingos, en los polígonos. Muy propio sí, dije yo. Vale, pulpo como animal de compañía.

El muy imbécil se equivocó de trayecto, dio trescientas vueltas en el Congost, dirección Granollers, para acabar saliendo por donde no era, lo perdimos treinta tres veces y girábamos en una dirección u otra por olfato, y volvíamos a pillarlo, se ha coscado, decía la niña, llama a tu abuela y dile que ya estamos en casa, vale, ¿por allí? Venga.

Cuando nos cansamos de hacer el gilipollas por el polígono persiguiendo un Toyota (blanco, impecable e impoluto) nos volvimos a casa, cogiendo los baches a treinta como indica la señal y no a cincuenta dándonos con el techo en todos y cada uno de ellos.

La niña aún se ríe, y me dice estás colgá, mi marido me mira raro mientras sube una ceja y me pide que se lo cuente otra vez porque se ha perdido, mi madre aún no lo sabe, tampoco se lo voy a contar, una madre, siempre es una madre y hay cosas que es preferible que ignoren, y el tío de Toyota, si es cierto que se coscó, se debe andar preguntando como puede haber tanto imbécil suelto.

Pero yo bajo a la calle con las llaves de mi buga en la mano, la cerradura tontea y no abre a la primera, entro, me siento, me pongo el cinturón, arranco, y digo hola guapa ¿nos vamos? Subo el volumen de la radio, enciendo un cigarrillo, piso el freno, quito el de mano, embrago y pongo primera…

Y me voy.

Nos vamos.

4 comentarios:

manolotel dijo...

Me he divertido leyendo este blog y he disfrutado leyento el otro de poemas que, lamentablemente, has abandonado.

Respecto a este post, he de decir que, salvo en la clase de carro que ambos tenemos (el mio no es todo-terreno pero si un gasoil cortito de caballos), me identifico plenamente con lo que explicas.

Yo creo que dentro del coche uno piensa y siente como lo hace ante cualquier otra situación en la vida y por tanto, al no haber condicionantes externos, un análisis de dicho comportamiento permitiría conocernos a nosotros mismos con bastante aproximación.

En mi caso la aproximación es mayor porque la mitad de mi vida está ligada al automovil.

En fin, encantado de "conocerte"

Besote.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .bastet dijo...

bienvenido manolotel.
me alegra que te hayas divertido :D
y que hayas disfrutado en el silencio, aunque sí, abandonaito lo tengo :S

no sé, quizá tengas razón cuando dices que en el coche uno es como en la vida (así me va a mí) pero no me quejo, no, que va, podría irme peor.

beso y eso :D

coco dijo...

Ya no recuerdo la última vez que embragué y puse la primera. Menos mal que tampoco tengo un toyota celica.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .bastet dijo...

no, ni yo, pero se vive igual ¿a que sí? ;-)


Esto no tiene título es simplemente lo que hay. Estoy remontando el vuelo y existen días mejores y otros más hijos de puta, pero no me he rendido y no voy a hacerlo tampoco, principalmente por que no me da la gana y por que aún me queda sangre.
A partir de aquí y por este motivo se puede leer cualquier cosa, algo que también me la suda bastante, es mi blog y es el espejo, es tan simple como reflejarse o no, si te quedas o te vas no es culpa mía, ni tuya, quizá nos parezcamos más de culo que de frente, en todo caso la puerta no tiene llave, no cierres al entrar y no des un portazo al marcharte.

licencia

Todo lo que hay en mi casa es propiedad mía, los textos sin firmar son de mi puño y letra, las obras firmadas pertenecen a sus autores y así constará en todo caso, todas las poesías de “el silencio del espejo” me pertenecen a mí.
Recuerdalo.
Un abrazo y muchas gracias por tu visita.
ah! la licencia real, anda por ahí abajo, es que la informática y yo no nos ponemos de acuerdo prácticamente en nada y esta vez, se ha empecinado en no querer subirme la imagen hasta aqui.
Ella misma, no pienso olvidarme de esto...
En fin...
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